"La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores. Porque Lucy ya tenía bastante trabajo. Iban a desmontar las puertas de sus bisagras; los hombres de Rumpelmayer estaban al llegar. Y entonces, pensó Clarissa Dalloway, qué mañana más espléndida, tan fresca como si se la hubieran regalado a unos niños en la playa."
Virginia Woolf: "Mrs. Dalloway", 1925.