En abril, por fin tomamos la decisión de viajar a San Francisco, un viaje del que hablábamos desde hacía tiempo pero que nunca hacíamos. Siempre había algo que lo empujaba a “otro momento”, pero esta primavera todo encajó, sentimos que era el momento adecuado.
Una de las razones principales del viaje era conocer el Marin County Civic Center, un lugar que admirábamos desde hacía mucho tiempo. Diseñado por Frank Lloyd Wright, nos llamaba la atención no solo como edificio, sino como una pieza de filosofía arquitectónica. La obra de Wright siempre nos ha fascinado: su manera de integrar las construcciones con el paisaje, su atención a la luz y su idea de que la arquitectura debe sentirse viva.

Cruzar el Golden Gate Bridge y adentrarnos en Marin County ya se sentía como entrar en otra dimensión. Cuando el Civic Center apareció, con sus curvas suaves y tonos pastel, parecía casi irreal. Es uno de los últimos grandes proyectos de Wright, y se nota esa mezcla de experiencia y experimentación en cada línea. El edificio no intenta imponerse sobre las colinas que lo rodean; más bien se extiende suavemente sobre ellas.

Al recorrer el interior, nos sorprendió la calma que transmitía. La luz natural entra de forma suave, los largos pasillos parecen fluir en lugar de dividir, y los arcos crean una sensación de amplitud poco común en edificios públicos. Es fácil entender por qué el Civic Center se considera una de las obras más inusuales y visionarias de Wright.
